
El final del régimen franquista abrió para la gran mayoria de los españoles una nueva etapa para España. Nació la esperanza de una Nación constituida en Democracia. Durante el proceso político de la Transición se pactó, se consolidó y se fraguó la España de las autonomías.
Un concepto nuevo para una España nueva. Gran parte de la clase política, la misma que gobernó antes y durante la dictadura franquista, nos vendieron la ilusión de una España descentralizada pero solidaria. Nos contaron todo lo positivo del Estado de las Autonomías pero se olvidaron mencionar lo negativo. Y nosotros, los españoles, como borregos nos tragamos sus patrañas como siempre hemos hecho.
La esperanza con que nació esta nueva España se ha convertido en una pesadilla para millones de españoles. La idea de que la descentralización de las instituciones acercándolas a los ciudadanos brilla por su ausencia. En vez de una cercanía al Pueblo Soberano, el actual sistema autonómico se revela como la forma más cínica de gran parte de la clase política de aumentar su poder personal y su control sobre el dinero público.
Desde 1979 se ha tejido una red perversa entre el gobierno central y las autonomías, diputaciones y ayuntamientos de toda España. Hemos vivido un incremento más que faraónico de políticos y funcionarios. Tenemos 4 niveles de administraciones públicas entre concejales, diputados autonómicos, diputados nacionales, senadores y diputados europeos con sus correspondientes funcionarios y cargos de confianza.
Entre todos cobrando sueldos, dietas y suplementos multimillonarios, todos ellos a cargo no del Estado, sino del contribuyente español. Unido a esto tenemos a entidades dispares también cobrando subvenciones multimillonarios, sindicatos, patronales, partidos políticos, SGAE...¡la lista es interminable!
Todo a cargo de los Presupuestos Generales que cada gobierno desde 1979 ha ido incrementando y manipulando. Y cada año, el contribuyente español sufriendo peores secuelas por la ineptitud política mientras gran parte de la clase política se asegura su permanencia en las poltronas aterciopeladas, los sofás de cuero y los lujosos despachos. Una élite alejada y distante del ciudadano.
En vez de una España solidaria, hemos visto la mutación de esta Nación en una criatura malformada. Un reino perverso de reyezuelos y déspotas que hace años perdieron su legitimidad moral y ética para gobernar. Un estado de taifas que como Saturno se come a sus propios hijos. Políticos mediocres e ineficaces prostituyendo a su región para mendigar unas monedillas más. Esclavizando fiscalmente a sus ciudadanos para convertirles en súbditos, al servicio y órdenes de la autonomía.
Estamos en la España bastarda, una criatura mal nacida y mal criada por los herederos de la España paternalista. Por gran parte de la misma clase política que desde el siglo XIX han controlado el destino de los españoles. Ellos, sus hijos y nietos que hoy en día ostentan la legitimidad democrática vacía de toda legitimidad moral y ética son los que por interés propio mal parieron esta España autonómica. Porque por mucha democracia que digan que tenemos, no existe un sentido de la democracia, no existe el concepto de la democracia excepto para que una vez cada cuatro años nos llamen para que acudamos a las urnas a elegir nuestros representantes. Las listas electorales parecen más un juego maléfico para justificar una democracia inepta y moralmente podrida.
Que se puede esperar en un país donde no existe el delito de perjuro, en donde el Poder Ejecutivo y Legislativo propone, escojer y elige al Poder Judicial. Un país donde no existe una efectiva separación de poderes, donde la politización extiende sus tentáculos a cada faceta de la Sociedad.
Tenemos 19 autonomías entre comunidades y ciudades, que gracias a la perversa manipulación política son adversarios una de la otra. Donde una vez cada año vemos al más puro estio maquiavélico, la negociación cuasimafiosa desenfrenada para ver quién consigue más dinero de las Arcas Públicas. Sin pensar en la solidaridad ni las necesidades reales de los demás. ¡Todo o lo más posible para mí...y los demás que se j***n!
Estamos ante unas revisiones estatutarias donde cada autonomía se adjudica para si misma todos los recursos posibles. Adjudicándose arroyos, ríos, lagos, montes y montañas. No para su mejor y eficaz administración sino para control egoista y para negárselo al prójimo.
Cierta parte de la clase política cacareando una supuesta diferenciación histórica, asistimos a la repugnante visión de políticos moral y éticamente degenerados exigiendo más competencias y más poder que traducen en más dinero público para fomentar el odio y la denigración de España. Estos políticos quienes inculcan y jalean la desaparición de España, son los mismos políticos cuyos padres, abuelos y bisabuelos defendieron a España. Estos hipócritas se pasean como putas rastreras por los pasillos de las administraciones públicas muerden la mano que les da de comer.
Estoy a favor de una descentralización eficaz y sensible de España, pero en la Transición empezamos a construir la casa por el tejado y 30 años después se nos tambalea el edificio. España y los españoles necesitamos una reforma intensiva de nuestra Nación. Debemos profundizar nuestra Democracia, no solo con elecciones sino asumiendo los conceptos democráticos. Una separación real de poderes, un Poder Judicial independiente y neutral. Un código político verdaderamente transparente y democrático que esté al servicio del Pueblo Soberano, que asegure que nuestros representantes políticos sirvan al ciudadano y no viceversa. Un código que penalice severamente aquellos políticos y funcionarios que por sus acciones u omisiones falten a su palabra o que incumplan la Ley. Necesitamos que el imperio de la Ley se asiente en nuestra Nación porque una Democracia sin un ordenamiento justo para todos es nada más que una dictadura enmascarada.
Los españoles nos merecemos una mejor clase política que la que en gran medida tenemos. Necesitamos que se vuelva a tener orgullo en nosotros mismos y en nuestra Nación y para eso necesitamos una renovación política y social.